El primer “rascacielos” de Asturias en la Plazuela

El lunes leí en el diario El Comercio un artículo del periodista Marcos Moro muy interesante sobre la historia arquitectónica de Gijón. Uno de los edificios más llamativos de Gijón, es el edificio situado en la Plaza San Miguel nº1, y además está considerado el primer “rascacielos” construido en Asturias. En Rentalo tenemos la suerte de poder admirar esta preciosiodad arquitectónica desde nuestras oficinas.

Me gustaría compartir parte del artículo en el blog y espero que te parezca igual de interesante que a mi.

Gijón mira al cielo más cerca que el resto de ciudades asturianas. 32 edificios residenciales tienen en la actualidad entre 15 y 22 alturas, mientras que en Oviedo sólo hay seis bloques de pisos que alcancen dicha talla.
La torre de Bankunión, en Álvarez Garaya, es desde 1959 el techo urbanístico gijonés. Mide 70 metros, exactamente lo mismo que el edificio más alto de Oviedo, que es la torre de Cajastur, en Teatinos.
Sin embargo, otro inmueble más antiguo de la ciudad está considerado como el primer ‘rascacielos’ construido en Asturias. Se trata del robusto y esbelto edificio a tres fachadas que preside desde su altura de nueve plantas el conjunto de la Plazuela, en la confluencia de las calles Menéndez Valdés y Capua. Un logrado ejemplo de racionalismo que fue precursor de la construcción en altura en la región en los años de la postguerra y cuya principal característica es el equilibrio: entre horizontalidad y verticalidad; entre líneas rectas y curvas; entre huecos y muros; entre superficies enlucidas y de ladrillo; entre superficie y altura.
Un libro de reciente publicación reivindica la vida y obra de Joaquín Ortiz, uno de los dos arquitectos que proyectaron en 1935 esta armónica mole que es anterior en el tiempo a La Jirafa de la capital asturiana, diseñada en 1952. El volumen, escrito por Higinio del Río, director de la Casa de Cultura de Llanes desde 1990, dedica uno de sus capítulos a la génesis del proyecto de esta torre con planta en forma de ‘uve’, diseñada al alimón por Ortiz y su amigo y estrecho colaborador, el arquitecto gijonés Manuel García Rodríguez. Ambos trabajaron en un estudio de la pequeña pero céntrica calle Menén Pérez. El primero fue arquitecto municipal de Llanes y el segundo, de Ribadesella.
Aunque el proyecto se firmó en 1935, la guerra y sus consecuencias impidieron su ejecución hasta 11 años después, con modificaciones y ampliaciones introducidas, ya en solitario, por García Rodríguez, toda vez que su socio tuvo que exiliarse. En su origen fue un encargo de Gonzalo del Campo y del Castillo.
Calefacción, radio y teléfono
Cada piso contaba con las instalaciones más avanzadas y lujosas para la época, con calefacción individual y tomas para teléfono y antena de radio en todas las habitaciones.
El proyecto que finalmente se llevó a efecto mantiene la idea fundamental de la solución inicial de 1935 en un momento en que el estilo racionalista deja de ser aceptado como lenguaje válido, según anota el historiador de la arquitectura gijonesa Joaquín Aranda en el libro de Del Río.
El edificio que finalmente se levanta como hito en la plaza de San Miguel consta de una planta de sótano, una planta baja destinada a locales comerciales, cinco pisos para viviendas (dos por planta) y un torreón, en la esquina, de tres alturas, las dos primeras destinadas a una vivienda dúplex y la última, a estudio independiente. En su composición exterior guarda un cierto parecido con el edificio ‘Capitol’ de la Gran Vía madrileña, que ha salido en películas como ‘El día de la bestia’.

El técnico, con estudio en Menén Pérez, evitó al estallar la guerra que derribasen la iglesia de los Capuchinos

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